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Crónica

Si bien siempre acostumbro a escribir la crónica después de una gira, esta vez fue especial. Y no porque no quisiera, sino porque tampoco sabía bien cómo encararlo, o bien no quería desinformar acerca de lo que se sabía por ser mi punto de vista de las cosas que viví(mos) esos días tal vez demasiado personal o subjetivo.

La cosa es que hoy, habiendo pasado un mes y un poquito, las ideas decantaron y después de un tirón de orejas de mi mamá (“¡no escribiste nada de cómo te fue en México!”) acá estoy para contarles.

Llegué sin problemas, dos días después del sismo que sacudió a la Ciudad de México. Emilio y Marianne me pasaban a buscar por el aeropuerto para ir a su casa. Al llegar, mientras comíamos algo, ellos me contaban acerca de su experiencia, que igual era el leit motiv de los días venideros en cualquier charla: los datos a saber eran qué estabas haciendo en el momento del sismo, si tu familia está bien, y si tu casa / trabajo / escuela se derrumbó o no.
A la vez, recibíamos correos por las cancelaciones y postergaciones de los conciertos que teníamos en esos días. El concierto de Andamio en Fonoteca Nacional directamente se canceló, ya que la Fonoteca levantó todas las actividades por esa semana y en un principio, el de la UNAM se postergaba un día pero se mantenía en pie.

Sábado. 8am. Desde mi posición en el sofá en el que dormía, siento que me hablan. Y sí, me hablaban. Estaba sonando la alerta que previene sismos y había que evacuar. Después de bajar cuatro pisos por escalera y encontrarnos en la vereda con muchos otros vecinos con iguales caras de dormidos que la mía, la preocupación mermó. El sismo tuvo epicentro en Oaxaca y si bien casi no se sintió, después de tal antecedente, cualquier alerta te mueve mucho adentro.
Durante el resto del fin de semana, además de trabajar con Emilio en pulir el montaje de Leviatán y ensayar para el concierto del martes, salimos a dar un par de vueltas a lugares cercanos. De más está decir que es increíble ver por los propios ojos a toda una ciudad movilizada para juntar alimentos, agua y ropa para darle a los que se quedaron sin nada.
Al leit motiv que les contaba antes, se le sumaba, para aquellas personas que lo vivieron, cómo fue su experiencia en el sismo del ’85, para realizar la comparativa.

Jugando

Unos chicos jugando a la pelota en una calle cerrada por peligro de derrumbe.

Salimos a tomar algo con Diego, un compositor mexicano amigo que conocí el mayo pasado, que por suerte, ni a él ni a su familia se les complicó demasiado.
Los medios, como siempre, actuaban en ambas direcciones. Por un lado estaban aquellos datos útiles que te permitían saber a dónde llevar donativos, pero por otro lado se inventaban noticias como la de Frida Sofía, la supuesta nena atrapada bajo los escombros que resultó ser pura fabulación mediática.
Sin embargo la gente de a pie, también como siempre, puso todo y al día de hoy lo sigue haciendo.

La presión de los estudiantes por querer apoyar en tareas humanitarias consiguió que las clases en UNAM se pospusieran una semana más, y con eso se fue también cualquier programación extra, incluido nuestro concierto. Sabíamos que era una opción, y lo cierto es que es por una causa justa. Nos prometimos una próxima oportunidad en el futuro.

En Morelia todo estaba en orden, ya que por aquellos lugares el sismo no se sintió.
Rodrigo, Sebastián, Silvana, Silvia, Paulina. Gente querida y conocida.
Después del clásico desayuno con Tonalli, terminamos de cerrar los detalles del taller para niños y del concierto que dábamos al día siguiente. Almorzamos con Luis, esas mini juntadas de Andamio que son tan necesarias para bajar un cambio al menos por una hora.
Aproveché esa tarde para ir a un concierto en el que tocaba Yahir, quien estrenaría Medusal al día siguiente.

El taller y el concierto un lujo, también posible gracias a la ayuda técnica de Dani, flamante asistente del CMMAS. Fue un enorme gusto compartir un concierto con Tona. ¡Por más Brianza / Nakamura!

La mañana del regreso apareció Jessi, con quien no nos habíamos podido ver, en parte por las consecuencias del sismo en CDMX. Compartimos un taxi, un café y un budín y fue lo suficiente como para saber que todo estaba bien. Esa gente con la que te viste por última vez hace tres meses, pero es como si te hubieras visto ayer.

Micro, taxi, avión. La vuelta se fue complicaaando, y terminé llegando como 40 horas después haciendo una parada de una noche en El Salvador… pero eso es otra historia.
Gracias a quienes hicieron posible estos diez días fuera de lo que ninguno de nosotros esperaba. Y gracias a ustedes por leer.

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Bruselas_header

Antes de subirme al metro de Bruselas –como me es habitual por el hecho de viajar con este proyecto en mente– pedí un mapa en la boletería, para intentar visualizar alguna cuestión que pueda parecer interesante de buscar, interesante de grabar e interesante de escuchar.

Lo primero que llama la atención en el mapa es la superposición, o mejor dicho la duplicación de los nombres, que aparecen tanto en francés como en holandés. Así encontramos Porte de Namur / Naamsepoort, o bien Louise / Luiza, entre otras. Después la superposición de líneas: la 5 se pisa con la 1; la 3 y la 4 comparten casi todo su recorrido exceptuando las terminales. Es así, que pensando en este concepto de superposición-duplicación me subí al tren en Hermann-Debroux en dirección al centro buscando retratarlo desde lo sonoro.

 

Mi plan resultó fallido. Es que por mejor plan que hubiera tenido dos mujeres se sentaron al lado mío y comenzaron –literalmente– a conversar pegadas al grabador. Es así como se llevaron toda la atención y esta entrega pasó a tratar de la escucha furtiva, aquella que hacemos a escondidas, sin querer ser descubiertos. ¿Qué dicen estas personas? ¿de qué están hablando? ¿cómo funciona la barrera del lenguaje en estos casos en relación a la atención que ponemos de todas formas? las preguntas se las dejo a ustedes.

El paisaje sonoro final que escuchamos parte de estas grabaciones de campo entre Hermann-Debroux y De Brouckère, que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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Sloterdijk header

El pasado enero, aproveché una breve pasada por esta terminal para continuar con Paisajes Sonoros Subterráneos, este proyecto por el cual les comparto estas entregas periódicas que a esta altura ya son costumbre.
Sloterdijk, aunque no se encuentra en el centro de la ciudad, es una estación neurálgica del Metro de Ámsterdam, donde también convergen la línea de tranvías, autobuses y el tren.
Por su característico –y hay que decirlo, pintoresco– andén central y por el alto tránsito que noté, me resultó interesante retratar esa espera, en la que me encontré con gente proveniente de todos los transportes conectando con el metro, o viceversa: algunos apurados por llegar a sus trabajos, otros notoriamente de vacaciones y unos pocos con una indiferencia tal que no me permitió deducir en absoluto si iban o venían.
Si bien en el registro se oyen conversaciones en inglés y alguna en francés –como estación terminal acoge muchos turistas y visitantes diariamente–, obviamente la mayoría de los diálogos son en holandés y, me resulta interesante por demás, el hecho de no entender de qué están hablando, en comparativa a otros diálogos escuchados previamente en los Metros de Medellín, Valparaíso o Buenos Aires. Aquí nos toca conformarnos con el tono, las risas, la intensidad para intuir qué está sucediendo y completar la película.

 

 

Para la realización del paisaje sonoro, primero observé dónde solían disponerse los pasajeros antes de subir al tren y busqué quedarme en un lugar del andén buscando que en algún momento la gente me rodeara. Fue el apoyo de la escalera mecánica el lugar elegido para quedarme, desde donde realicé el registro de campo de forma tal que el punto de escucha sea fijo: no hay caminata, ni búsquedas por el interés que puedan generar los eventos sonoros, el grabador está quieto y los eventos suceden al rededor.

Tal como sucede en otros paisajes sonoros de este proyecto, este fragmento parte de grabaciones de campo que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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Si bien el viaje de ida me sorprendía en Ezeiza con el vuelo demorado por una asamblea gremial, salí una hora y media después y sin problemas para tomar la conexión a Pereira, ya que por suerte, también en Bogotá estaban demorados los vuelos debido a problemas climáticos.

Recién llegado y teniendo que hacer unas compras, fui caminando en dirección al centro y sucedió: esa magia de pasar por el Cable y tener la certeza de encontrar a alguien conocido. ¡Alejo! –me sorprendió Jorge–, avisándome que esa noche la cosa era en Silmaril. Ahora sí me sentía en Manizales.

El sábado me sorprendió sin voz. Es que venía arrastrando una gripe casi curada de la semana anterior, que evidentemente vio la oportunidad de reincidir al encontrarse un cambio climático. Amanecí sin voz y sabiendo que durante la semana la necesitaría, quedé guardado todo el día. Gárgaras de agua tibia y limón. DIAJ. No lo intenten en sus casas.

El domingo comenzaba ISEA y además, tocábamos en el Picnic Electrónico con Jessi, Emilio y Esteban, respondiendo a la invitación que nos había hecho Felipe justo antes de salir para Colombia. A pesar de la lluvia, Paula –coordinando el transporte, como lo haría toda la semana… aunque no, no era su tarea– nos pasó a buscar con el transporte del festival y nos llevó al Recinto del Pensamiento, donde también nos encontramos con –a esta altura– viejos amigos del Festival. También estuvo muy bueno el encuentro con Jorge Mario y a Ana María, con quienes estamos trabajando hace un año ya pero todo vía Skype, sin vernos las caras –las reales– nunca. 2017. Cosas que pasan.
De lo más sorprendente de ese día: encontrarnos a Tariq. De no saber siquiera que iba a estar en Manizales, estaba conduciendo la fiesta aniversario de Leonardo, la importante revista científica que cumplía 50 años. Increíble Tariq.
La vuelta del Recinto, se complicó un poquito. Todos subidos a un bus que nos llevaría camino al centro pero que se varó –en criollo, no arrancaba–. Todos subidos, gente parada al mejor estilo hora pico en cualquier ciudad y sin poder salir. Por suerte Natalia –ella sí, encargada del transporte– habilitó unos autos y la cosa se fue solucionando de a poco. Volvimos con Diana, Jessi y Fred.

A partir del lunes, comenzaron por las mañanas los ensayos y grabaciones necesarias para el armado de Leviatán, la pieza que estrenábamos el jueves. Algunos días en Milán, otros en el centro, fuimos puliendo con Jessi y Emilio poco a poco los detalles.

Concierto de apertura por la noche y vuelta a casa.

El martes ya los almuerzos eran en la Universidad –coordinados por Manu–, lo que nos tenía usando el patio comedor de base entre todas las actividades… las charlas de proyectos artísticos, el foro académico y todo pasaba ahí y estábamos corriendo de un lado a otro. Esa misma tarde me encontró Diego y –pff… debí tener cara de cansado– me invitó un café (nos seguimos debiendo el sixpack) y charlamos un rato… después subimos juntos a Vivelab y compartimos un rato más, donde también estaban trabajando Cami, Marian y Roxanne –quien estaba en el festival de intercambio por el año Colombia /  Francia–, a quien le regalé mi entrada para subir a la chiva, una especie de trencito de la alegría que iba a dar una vuelta por distintos puntos de la ciudad y que ya por la hora, yo no iba a aprovechar.

A la noche la inauguración de las instalaciones en el flamante Centro Cultural Rogelio Salmona nos recibían con un anfitrión de lujo: siempre es un lujo compartir con Carlos Adolfo, porque sea cual sea la situación todo se vuelve una sitcom. Equis.
La expo invitaba a dar una vuelta por todos los rincones, incluído el impecable pabellón Francia, trabajo de días de montaje a cargo de Santi, Seba, Carlos, Juli…

El jueves desde muy muy temprano, estuvimos concentrados en el hostel donde paraba Esteban, que si lo describo como un genio es poco. Nos ayudó a escribir el software que usamos para la performance de Leviatán, re escribiéndolo desde cero en tres días. Lo agradecidos que estamos con vos, Esteban, no tiene nombre. Si el espíritu de la colaboración tuviera cara, sería la tuya… jajaja okey, no exagero más pero en serio, MUCHAS GRACIAS por esto. Te debemos una y lo sabemos, contás con nosotros.
Almuerzo y salida hacia la prueba de sonido en Fundadores. Todo estaba bien de la mano de un implacable Juan Pablo que coordinaba cada acción, Alejo, Laura y tantos otros compañeros colaborando desde la asistencia técnica.
El concierto estuvo compartido con ABC trío (Alcaraz, Biffarella, Catalano) y con Ricardo… sin querer, súper presencia argentina en la noche del jueves. Y estrenamos Leviatán y todo salió súper.

Esa noche sí siguió en Silmaril, viendo a la banda de Juan Pablo que increíblemente nos recibía con Ciudad de pobres corazones. Justo estábamos recién entrando con Gerardo y tuvimos que agitar el orgullo argento (?).

Habiendo pasado todas las actividades propias, del viernes lo obligado fue ver la excelente performance de Ruido, pieza de live cinema en la que participaba Esteban. ¡Qué equipo de primera ese!

Sábado a la noche ya me tocaba emprender la vuelta, que como siempre tiene algún condimento que la hace más interesante. Primero iba a ir con Carlos Iván, el dueño del departamento en el que me quedé, después al final no… y contra los buenos pronósticos, me quedé sin poder conseguir UBER para ir hasta Pereira… suerte que Laura me ayudó a conseguir un taxi y todo terminó bien.

Perdónnnn porque se que por algunas complicaciones propias de los últimos dos días sobre todo no me despedí de muchos. Con algunos ya hablé, con otros aún no pero se que ya vamos a charlar.

GRACIAS una vez más por una semana de aprendizajes enormes.

Espero verlos pronto. Por acá, por allá. Siempre nos las arreglamos. Pronto.

 

Plaza de las banderas Recinto

Plaza de las Banderas. Recinto del Pensamiento.

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¡Ah! se comieron el amague. O mejor dicho, se las dejé picando. Ese podría ser el puntapié inicial de este texto, una buena forma –creo yo– de que me den pelota. Y si finalmente logro su atención: la rompí, la descosí. Un golazo, podríamos decir, y tendría más que un motivo para quedarme un rato canchereando con ustedes, si se quedan bancando los trapos… porque en la cancha se deja todo.

Al toque les tiro un centro para que entiendan mejor de qué estoy hablando: vivimos utilizando palabras que provienen del fútbol en nuestro lenguaje cotidiano, y esa es una de las formas más tangibles de entender que es un elemento importante de nuestra cultura popular: decimos que el que quiere estar en todos lados quiere patear el centro y cabecear; cuando algo nos salió muy bien la clavamos en el ángulo; si damos un paso en falso en alguna situación quedamos en off side; si vemos algo sospechoso pero lo dejamos pasar hablamos del famoso siga siga; si nos desligamos de un problema pasamos la pelota; y ni hablar del toco y me voy.

Así, quise poner en sonidos todas estas cuestiones, retratando en una pequeña pieza la familiaridad con este deporte y como fuente, recurrí principalmente a recuerdos.
De chico siempre salía a jugar con los chicos de mi cuadra. En la calle, en las veredas o bien en el terreno que Tito –un vecino– nos prestaba para jugar (?), improvisábamos arcos con buzos y piedras, inflábamos la pelota, armábamos equipos con el método de pan y queso y pasábamos tardes enteras peloteando… partidos si éramos varios, o marcaditas, veinticinco o mete gol entra si éramos menos.
También, de los recuerdos de alguna charla con mi abuelo –que de hecho, jugó en las inferiores de Racing Club– recordaba puntualmente los relatos de partidos históricos: el primero, aquel de 1986 donde el Diego hace su gambeta eterna, convirtiendo el famoso gol a los ingleses; el segundo, la final de la Copa Mundial de 1978 en la que el matador Kempes golea el arco holandés.
A estos relatos protagonizados por dos diez, le sumé uno de otra época, de nuestra época. Infaltable un gol de Messi.

 

Entre lo amateur y lo profesional, entre el barrio y la cancha. No importa tu edad, tu género, ni el interés o la habilidad que tengas para este deporte. Está en la cultura, en la tradición, en lo cotidiano. Todo argentino, al menos de rebote escuchó acerca del fútbol, sus ídolos y leyendas.

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Dicen que escapó de un sueño, en casi, su mejor gambeta
que ni los sueños respeta, tan lleno va de coraje
sin demasiado ropaje, y sin ninguna careta.
Dicen que escapó este mozo, del sueño de los sin jeta
que a los poderosos reta y ataca a los más villanos
sin más armas en la mano, que un diez en la camiseta.
Los Piojos
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Ese jueves en que todo comenzaba, nos encontramos con Daniel y Caty en la Gare de Nice Ville, ya que desde ahí Mario nos encontraba para llevarnos y enseñarnos el camino a Mónaco, que era tomando el tren y viajando hacia el este unas seis estaciones (Nice Riquier, Villefranche, Beaulieu, Eze, Cap d’Ail y finalmente Montecarlo).
En una experiencia cuasi surrealista, sobre todo por ser de esas cosas que uno no espera en determinados contextos, nuestro tren estaba demorado y cambiaron el andén de llegada a dos plataformas de donde estábamos. Una enorme masa de gente copó los vagones que quedarían inundados de su calor durante todo el trayecto (cualquier parecido con Temperley es pura coincidencia).
A pesar del mínimo contratiempo, llegamos y Mario se adelantó a nosotros, porque la demora lo había complicado un poco. No había problema aparente, ya que nos había indicado perfectamente cómo llegar a la Academia. Sin embargo, al encontrarnos con Robert, que con los mapas de su celular parecía muy seguro de saber llegar –y su camino era otro–, tuvimos que seguirlo. Después de andar y desandar cuadras, finalmente llegamos, para presenciar los primeros ensayos. El camino de Mario 1, GoogleMaps 0.

Almuerzo e inauguración, comenzaba el primer concierto con las delegaciones de Montreal, Roma y Niza, la charla del siempre vigente Horacio Vaggione y después de la cena (después de la cena) el primer concierto de cierre moviéndose sobre el acusmonium de 34 vías del teatro.

El segundo día incluía por la mañana el taller de espacialización que dictó Anette Vande Gorne, y la charla de Francis Dhomont, otro grande, que si bien había visto en 2008 cuando estuvo en Argentina, fue impactante volver a compartir un festival con él, saludarlo, intercambiar dos palabras. Segundo concierto de la tarde con las delegaciones de São Paulo, Ciudad de México, Castelo Branco y Mons, cena y concierto de cierre.

El tercer día, mientras esperábamos el tren (porque como era sábado, los horarios eran relativamente distintos), Noe fue furor tocando un par de tangos en un piano vertical que estaba en el hall de la estación. La gente se acercaba a sacar fotos y filmar.
Al llegar, tuve que perderme el seminario de Anette porque tenía ensayo. Es que a la tarde se estrenaba Fútbol, la pieza que preparé para el festival. Así entonces y después de las charlas y mesas redondas, comenzó el último concierto de la tarde con las delegaciones de Madrid, Minas Gerais, Bolzano, Lanús y Harvard. Una vez más cena y concierto de cierre, y ni más ni menos que con Dhomont clausurando el concierto.

Fue súper enriquecedora la experiencia, y además como siempre viene con lo lindo de compartir con más gente que está en la misma. Si bien no llegue a hablar en profundidad con todos, me alegra mucho haberme encontrado con Dani Quaranta; Demi y Ro que están comenzando sus planes en Europa; y haber conocido a Daniel Reinoso y a los secuaces Juli y Noe (los dueños del mate); Gustavo Delgado; a Jaime Reis; a Adolfo Núñez; a Pedro Castillo Lara; a Hugo y Vincent; Valentin y Laryssa; Fernando, Gustavo, Gabriel y Julian (y las fabulosas charlas sobre el PH del shampoo que usan los compositores); Clara (gracias por las papas compartidas y la sensación de que con la comida el alma vuelve al cuerpo); Daniel y Diego (¡que espero volver a verlos pronto!); Phillip; Fabio; Andrés y Alejandro (qué aproveche!).

Después del bar y la caminata de la última noche, tocaba volver. Solo, según creía y según eran mis planes, pero terminé encontrándome –o él a mi– a Gustavo en la fila del 99 (el colectivo entre el centro de Niza y el aeropuerto) y después en el aeropuerto, primero a Ana, Rita y Marta, que viajaban a Lisboa casi a la misma hora que yo a Madrid, y finalmente a Adolfo y Andrés, con quienes compartimos vuelo.

Súper lindo el encuentro, vuelvo a agradecer a Mario y a Daniel por la invitación.
Ojalá la música vuelva a cruzarnos. Seguro que sí.

2017-05-07 13.07.27

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El Tramo 1 es el primero de los nueve tramos que dispone el metro de la Ciudad de Valparaiso. Contrariamente a lo que uno se imagina cuando piensa en una red de metros, este particular trazado es una sola línea –aunque no estrictamente recta– que une el puerto de Valparaiso con Olmué, combinando en los sucesivos tramos secciones para recorrer mayoritariamente en metro, pero también conectando algunos puntos con buses.
Saliendo entonces de Estación Puerto, siguen Bellavista, Francia, Barón y Portales, retratadas en este pequeño paisaje sonoro.

Los trenes de este metro tienen solo dos vagones y eso los involucra en dinámicas muy interesantes, por ejemplo, en el caso de los músicos que tocan a la gorra. Es muy común que en cada vagón haya un músico distinto trabajando, tocando canciones completamente distintas que suelen entremezclarse generando fusiones muy extrañas.
En este caso, las grabaciones fueron realizadas un sábado por la noche, en un viaje hacia las afueras de Valparaíso. En un vagón encontramos a un guitarrista practicando escalas y acordes, simplemente pasando el rato y sin intención de pasar la gorra pero por otro lado escuchamos un hit de Queen… ¿lo encontraron?

Aprovecho para agradecer muy especialmente a Sergio Espinoza, que me prestó su grabadora aquel día y a Fabián Contreras a quien pertenece la imagen que ilustra esta entrada.

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